martes, 4 de septiembre de 2012

LA IMPORTANCIA DE LA EDAD PRE – ESCOLAR

La edad pre – escolar es una etapa importante en la vida del niño porque en él se sientan las bases que repercutirán en su salud emocional a largo plazo y determinará su personalidad. El papel de los padres es fundamental en esta etapa ya que del tipo de relación que establezcan con ellos y cómo lo guíen en la formación de hábitos y adquisición de disciplina, dependerá posteriormente su calidad de vida.
La adquisición de habilidades cognitivas y afectivas son numerosas, es por ello que necesitan de atención, afecto, confianza y estimulación para lograr un progreso equilibrado y armonioso.
La etapa pre – escolar es el momento propicio para la promoción de hábitos sanos de higiene, sueño y alimentación.
En cuanto a hábitos se puede propiciar el aprendizaje de la higiene bucodental, lavado de las manos antes de la comida y después de ocuparse en los servicios, baño diario. La adquisición de hábitos de independencia en la vestimenta,  y alimentación (comer sólo, sentado, sin otros estímulos distractores: televisión, juguetes).
Los horarios de sueño en los primeros años pre – escolares, incluye horarios diurnos y nocturnos. El horario nocturno es para todo el período de 10 a 12 horas diarias, incluida la siesta. Es útil establecer un régimen fijo y tratar de que el niño se relaje antes de ir a la cama siendo recomendable que escuche música relajante, se le lea un cuento, duerma con la luz apagada y solo (a). El permitirles dormir sus horas, evitará dificultades de atención, irritabilidad y  establecer una rutina en beneficio de todos. Las pesadillas, si son esporádicas, son normales a esta edad, lo importante no disciplinarlos asustándolos con los personajes de su temática que le causa miedo y suprimir conversaciones o programas que causen terror.
Los miedos son frecuentes entre los 4 a 6 años, porque el niño tiene mayor acceso a la realidad que lo rodea y porque confunde aún lo real de lo imaginario. Es importante no asustarlos, ni burlarnos, ni minimizar sus miedos. Debemos escucharlos y permitirles que los expresen. No demos evitar aquello que le causa temor porque reforzamos su temor, pero tampoco debemos obligarlos a enfrentarlos. Así como también no debemos en excedernos en cuidados y recomendaciones que puedan volverlo más temeroso e inseguro.
En cuanto a los alimentos es importante que se establezca una interralación entre niño y alimentador porque es un factor protector frente a posibles trastornos de alimentación. Una interacción social positiva durante las horas de los alimentos, incrementa habilidades cognitivas, brinda seguridad, promueve valores, afirma la conciencia de sí mismo y la identidad familiar. Son momentos valiosos que deben aprovecharse para afianzar lazos familiares, crear temáticas de intercambio.


                                                                                         Lic. Shirley Garrido Arévalo
                                                                                          Psicóloga- Psicoterapeuta
                                                                                                    C.Ps.P. 5889

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