sábado, 18 de junio de 2011

Puede ocasionar algún problema a mi hijo, si es que nos tenemos que mudar de casa?

El mudarse a un  distrito nuevo puede ser una de las experiencias de mayor estrés para la familia. Las frecuentes mudanzas, o aún una sola mudanza, pueden ser especialmente difíciles para un niño o un adolescente. Los estudios demuestran que es posible que los niños que se mudan con frecuencia tengan problemas en la escuela. Las mudanzas son aún más difíciles si están acompañadas por otros cambios significativos en la vida del niño, tales como la muerte, el divorcio, la pérdida del ingreso familiar, o la necesidad de un cambio de escuela.
La mudanza interrumpe las amistades. A un niño nuevo en una escuela, al principio le puede parecer que todos los demás tienen un amigo preferido o que otros tienen sus grupitos de amigos selectos. El niño tiene que adaptarse a un horario y currículo nuevo y en ciertas clases o cursos se puede encontrar más adelantado o más atrasado que los otros. Esta situación puede causarle estrés, ansiedad y aburrimiento.
Los niños en edad de kindergarten o de primer grado son particularmente vulnerables a una mudanza de la familia porque en su proceso de desarrollo ellos están en la etapa de separarse de sus padres, de ajustarse a nuevas figuras de autoridad y relaciones sociales. La relocalización puede interferir con el proceso normal de la separación, causando una regresión hacia una relación de mayor dependencia en sus padres.
En general, mientras mayor es el niño, más difícil se le hará el mudarse porque su grupo de amigos tiene una gran importancia para él/ella. Los pre-adolescentes y los adolescentes protestarán repetidamente de la mudanza y pedirán permiso para quedarse en su pueblo natal con la familia de un amigo. Puede que algunos jóvenes no hablen acerca de su aflicción, de manera que los padres tienen que estar alerta a algunas señales de aviso sobre una posible depresión, incluyendo cambios en el apetito, retraimiento social, deterioro en los estudios, irritabilidad, cambios en los patrones de dormir y otros cambios dramáticos en el comportamiento o del humor.
Los niños que parecen estar deprimidos por una mudanza podrían estar reaccionando más al estrés que experimentan que a la relocalización.
Algunas veces uno de los padres está en contra de la mudanza y los niños lo captan y reaccionan a la discordia familiar.

¿Qué debo hacer para que mi hijo no tenga problemas en la mudanza?
Para hacer que la mudanza se le haga más fácil a los niños y a los padres, se pueden seguir los siguientes pasos:
  • Explicarle claramente a los niños por qué es necesario el mudarse.
  • Familiarizar al niño lo mejor posible con el área nueva, ya sea mediante mapas, fotografías o usando el periódico diario.
  • Describir las ventajas de la nueva localización de manera que el niño pueda apreciar factores como lagos, montañas o un parque de diversiones.
  • Si un hijo o hija está en su último año de secundaria, considere la posibilidad de permitirle quedarse con una familia de confianza hasta que termine el año escolar.
Permita que los niños participen en el diseño o decoración y amueblado de sus cuartos.
Ayude a los niños a mantenerse en contacto con los amigos de los vecindarios anteriores mediante llamadas telefónicas, cartas, e-mail, y visitas personales.

¿Qué debo hacer si mi hijo no acepta mudarse?
Si el niño demuestra señales persistentes de depresión o de tensión, los padres pueden pedirle a su pediatra, que los refiera a un psiquiatra de niños y adolescentes, quien podrá evaluar y tratar los problemas emocionales que puedan estar afectando al niño como resultado del estrés y también .Los niños y las mudanzas, ayudar para que los padres aprendan cómo hacer que la transición y la nueva experiencia se haga más fácil para toda la familia.

Mientras más frecuentemente se mude la familia, más importante es la estabilidad interna de la familia. Con la atención adecuada de los padres y con ayuda profesional, de ser ésta necesaria, la mudanza puede resultar en una experiencia positiva de crecimiento para los niños, conducente a un aumento en la confianza propia y en la habilidad de relacionarse con otras personas.
Modificado de la American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 2005

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